Vides calingastinas, un bien patrimonial

La Reserva Natural Barreal Blanco comenzó a gestar las primeras plantas de vides patrimoniales de la zona de Hilario en Calingasta. Allí se preservarán variedades criollas con el sólo fin de resguardarlas a través del tiempo. Ya hay cerca de 50 plantines enraízados y este año se sacará la segunda tanda. Un hito en la historia de la viticultura local.

Para cualquier apasionado de la vitivinicultura, lo que se cuenta a continuación es un sueño, o ¿es qué acaso alguien imaginó que una parte de la Reserva Barreal Blanco en Calingasta podría ser el ´terroir ideal´ para preservar la genética de las vides patrimoniales de la zona?  Imaginado, soñado, o no, ya es una realidad.

Al momento son poco menos de 50 plantines los que sobrevivieron de los primeros barbechos que comenzaron a ejecutarse para preservar las variedades Criollas; Cereza; Criolla Grande; Criolla Chica; Moscatel Rosado; Moscatel Amarillo y las tres variedades de Torrontés (Mendocino, Sanjuanino y Riojano), y este año saldrá una segunda tanda mientras se realizan las pruebas necesarias junto a los expertos.

Todas provienen de las viñas ubicadas en el arcilloso suelo del Paraje Hilario que fueron implantadas en el lugar a partir de 1920. En este caso la colección de cepas tiene su origen en 1950.

Este plan de trabajo no persigue ningún fin comercial ni económico, sólo tiene como objetivo asegurar la conservación de estas vides que tan bien se han adaptado al clima calingastino. Tanto es así que la cantidad de plantas seleccionadas está pensado para que el material genético pueda resguardarse en el tiempo, nada más (y nada menos).

La pequeña parcela donde crecerán los espalderos (se eligió este sistema de conducción para resguardarlas en alguna medida de las fuertes radiaciones solares de esa zona ubicada a 2.100 msnm), está justo al lado del refugio de la reserva ya que allí  hay un claro donde se realizaron pruebas de riego, incluso se plantó un poco de alfalfa para conocer la respuesta del terreno.

Además cuenta con un vivero de plantas nativas con las cuales se realizará un cerco protector de las viñas.

Las vides patrimoniales se pusieron en valor en los últimos tiempos y Barreal, particularmente, es el polo que dio vida a los vinos que de allí salen, incluso elaborados con técnicas ancestrales. Esto pudo ser gracias a los hombres que cuidaron de estas viñas y a los propietarios de algunas fincas que supieron y quisieron preservarlas.

¿A qué hace referencia el término ´vides patrimoniales´?

Nada más y nada menos que aquellos ejemplares que forman parte de la historia y tradiciones vitivinícolas de una comunidad, y que tienen un significado social y simbólico.

Gracias a la visión de Sebastian Marasco responsable de la Reserva y a la familia Pastorelli cuyas cuidadas viñas datan de hacen unos cien años pudo concretarse este sueño de contar con la colección de las cepas más antiguas registradas en el Valle de Calingasta (particularmente en el paraje Hilario) con el objetivo de  asegurar su permanencia y conservación. ´A la fecha  subsisten en pie gracias a la sabiduría de la gente que cuidó las fincas más antiguas y de quienes cumplen tareas en esos establecimientos. Esa visionaria decisión por parte de los productores; de mantener sus parrales y sus antiguas plantas -alejándose de los volátiles mandatos de la moda vitivinícola- luego se vio reforzada por tareas del INTA y de productores vinícolas, deseosos de generar un producto único, con el foco puesto en transmitir la identidad local de su origen y así lograron diferenciarse de las restantes propuestas comerciales´, dice Marasco que sin ser sanjuanino de nacimiento es un enamorado del Barreal Blanco.

El valor patrimonial no es algo que sólo le hayan otorgado los agricultores del Valle Calingastino o los productores de vinos, es un valor que ha sido reconocido mundialmente, incluso acreditado por entidades municipales y provinciales.

Tras un arduo trabajo, la Reserva dispuso un pequeño espacio en donde trabaja por asegurar la subsistencia representativa de las vides con genética de valor patrimonial. ´De esta forma, su conservación, deja de estar obligatoriamente vinculada a decisiones comerciales. Ahora, su valor patrimonial, se encuentra conservado físicamente y “per se”´, agrega el coordinador de la Reserva.

Esta tarea no fue sencilla si se tiene en cuenta que por tratarse de una Reserva Privada,  primero tuvieron que realizar todas las gestiones correspondientes con la Secretaría de Ambiente de San Juan y con la Estación Experimental del INTA Barreal; así como con las oficinas del INTA de Mendoza y Buenos Aires. Luego, con productores locales de vino que basan su desarrollo en cosechas de cepas patrimoniales.

Ese camino para lograr el objetivo llevo a los precursores de la idea a contactarse con los dueños de Finca Pastorelli. El primer paso estaba dado: conocer las vides y tomar contacto directo que quien fue su creador Don Franco Pastorelli y su nieto, Francisco Cruz Pastorelli, dos defensores acérrimos del valor de su trabajo y generadores de un producto vinícola propio que ostenta este patrimonio.

Por supuesto, como era de esperar compartieron el interés en la colección proyectada y en brindar el material genético para llevarla a cabo.

´Esto es, resguardar debidamente restos de la poda de sus plantas y parrales patrimoniales; conservarlos para que se enraícen nuevamente y luego; plantarlos finalmente en la Reserva Privada Barreal Blanco, donde son regados por las aguas del Arroyo El Leoncito mediante un eficiente sistema mixto de manto y goteo´, dice Francisco Pastorelli.

El origen de esta colección, resulta posible gracias a que la finca de esta familia conserva variedades criollas en perfecto estado en su finca ubicada en Hilario.

Banco genético

El fundamental rol de la “Finca Pastorelli” y esta acción compartida con el Area Natural Protegida “Reserva Privada Barreal Blanco” permite mantener un banco genético vital para el futuro, poniendo en valor la adaptación climática de estas plantas que permite ejecutar viticultura de montaña y fomentar en consecuencia, prácticas sostenibles en los viñedos.

Al tratarse de una colección, dirigida estrictamente a conservar los ejemplares cuyo valor patrimonial fue formalmente reconocido y no tener fines productivos ni comerciales, la cantidad de plantas se encuentra solo vinculada a su permanencia en óptimas condiciones. La única exigencia es asegurar y mantener la salud de los ejemplares, así como su pertinente identificación (origen y cepa).

El plan comenzó en el marco de una actividad de geoturismo y yoga concretada en el año 2023 en la Reserva Privada Barreal Blanco. Una de las asistentes -Valen Aguerre, que con su equipo tienen su propio emprendimiento basado en cepas criollas del Valle de Calingasta @batallerovinos – conoció fortuitamente el viñedo que se hallaba por entonces en ejecución e instaló la idea basal de que ese espacio debía ser destinado exclusivamente para las cepas criollas del Valle de Calingasta.

Luego, siguió la etapa investigativa a nivel documental:

Para ello fue fundamental el rol desarrollado tanto actual como históricamente al respecto por el INTA -lo inició en 1940-. Dicho instituto cuenta con publicaciones al respecto que fueron fundamental pues permitieron conocer que, en la época de la conquista, fueron traídas desde la Península Ibérica, distintas cepas que fueron implantadas en los valles desérticos y así, con el correr del tiempo y las características climáticas y de flora de cada región, se generaron descendencias que hoy son reconocidas formalmente por su valor patrimonial.

El origen parental de tales descendencias es el Listán Prieto y el Moscatel de Alejandría.  La diversidad de las 43 variedades patrimoniales halladas hasta el momento refleja la amplia variabilidad de formas y calidad en los viñedos tradicionales de la Argentina y amplía el desarrollo de productos locales con identidad propia, surcados por la historia y la tradición de cada región en particular.

La misma colaboración con la propuesta formulada por la Reserva, fue brindada por la Secretaría de Ambiente de la Provincia de San Juan y la Dirección de Conservación y Áreas Naturales Protegidas.

Don Franco Pastorelli, fue uno de los primeros en visionar una bodega en el Departamento Calingasta. En ese entonces, en Sorocayense. Hoy allí funciona una bodega de renombre como lo es “Alta Bonanza de Los Andes”.

Cuenta Don Franco Pastorelli que fue por la década del 60 que llegó a Calingasta y se encontró con los parrales olvidados -no abandonados porque alguien vivía allí-. El los rescató, mejorando infraestructuras, alambres, surcos y limpieza. Fue trabajando en poder desarrollar la viticultura de esos parrales y hoy su nieto, demuestra orgullosamente que dan un excelente rendimiento y potencial en calidad de la uva y permite elaborar vinos en el valle de Calingasta, que forman parte de las cartas más importantes del mundo, en restaurantes de España y Japón. El potencial vínicola de Calingasta, siempre conocido por quienes mantuvieron estos parrales, hoy es conocido en el mundo entero.

Con la visión propia que le permitió mantener los parrales de cuyo valor hoy nadie duda, el abuelo de Francisco también hizo sostenible su actividad, plantando orégano.entre las vides. ´Confió así también en las plantas aromáticas y las especias para mantener así otro valioso trabajo tradicional  del Valle de Calingasta que hace desde más de 40 años atrás´, cuenta su nieto.

Las tareas de la Finca cuentan con la certificación del sello “Argentina Sostenible”, que destaca la labor sustentable y así encuentra consonancia con los compromisos y alianzas de conservación asumidos por la “Reserva Privada Barreal Blanco” ante organizaciones como “Aves Argentinas”, “Fundación Azara”, “Fundación Bioandina” y “Fundación Starlight”.

** Beber con moderación. Prohibida la venta de bebidas alcohólicas a menores de 18 años. **

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